La doxa y la episteme en el contexto de las redes sociales
La doxa y la episteme en el contexto de las redes sociales: ¿Cómo las redes sociales afectan nuestra percepción de la verdad?
En el marco del pensamiento filosófico de la antigua Grecia, Platón estableció una distinción
entre doxa y episteme que anclaba una oposición fundamental para describir lo que
denominaba opinión y conocimiento verdadero. Doxa es la opinión en sí, lo que es
desechable, subjetivo y basado en la percepción individual. Episteme, por otro lado, es
conocimiento verdadero, sustentado en la lógica y la prueba. De acuerdo con el contexto de
la era actual, esta oposición florece, probablemente más que nunca, en la era de los medios
de comunicación social.
Las plataformas de redes sociales, como Facebook, Twitter, Instagram y TikTok, entre otras,
representan una amenaza no menos importante para la democracia y el bienestar publico en
general. Es decir, dado que cualquiera conectado a Internet puede expresar su opinión, las
redes sociales; sin embargo, sólo han jugado un papel en la explosión de la doxa como forma
de discurso. Doxa representa opiniones que a menudo no se expresan como tales., sino
como hechos, verdades evidentes que no necesitan ser validadas rigurosamente ni basadas
en evidencia verificable.
Al mismo tiempo, la velocidad y la escala de discurso en las ilimitadas plataformas y foros en
línea exacerbaron no solo la amenaza de
discurso, sino también su escala de ser colectivas.
La difusión de mentiras es un obstáculo importante para quienes buscan epistemología en las
redes sociales. Estudios recientes indican que las noticias falsas se difunden más
rápidamente que las genuinas; especialmente si su objetivo es provocar miedo, ira o
sorpresa. De ello son los algoritmos de las plataformas, que están diseñados para priorizar
contenidos que fomenten una mayor interacción, sin considerar su autenticidad. Si bien
pueden facilitar la democratización del conocimiento; su forma y función actuales tienden a
facilitar la expansión de puntos de vista subjetivos sobre verdades firmemente establecidas.
El impacto de estas plataformas en nuestra percepción de la verdad no se puede lograr
plenamente sin promover la alfabetización digital; fomentar el pensamiento crítico y
responsabilizar a las empresas de tecnología por el impacto de sus algoritmos. El equilibrio
entre doxa y episteme sólo puede
equilibrarse en la era digital.
El continuo ruido que genera la doxa; ya sea a través de rumores, teorías conspirativas o
historias parciales; dificulta diferenciar entre conocimiento y opinión.
Además, las plataformas de redes sociales promueven el surgimiento de "burbujas de filtro" y
"cámaras de eco"; donde los usuarios tienden a interactuar con personas que comparten sus
mismas creencias y consumen contenido que refuerza sus perspectivas ya establecidas. Este
aislamiento ideológico fortalece la doxa y dificulta el acceso a puntos de vista alternativos que
podrían contribuir a una interpretación más imparcial de la realidad. La falta de contacto con
conceptos contradictorios perpetúa sesgos cognitivos y disminuye la capacidad crítica
necesaria para evaluar la calidad de la información pesar de estos desafíos, las plataformas
de redes sociales ofrecen oportunidades para el desarrollo de la episteme. Las iniciativas de
verificación de datos y la difusión de contenidos educativos pueden combatir la
desinformación y promover un enfoque más crítico y reflexivo del consumo de información.
Además, las redes sociales permiten a académicos y profesionales compartir sus
conocimientos con una audiencia global, democratizando el acceso al conocimiento y
fomentando un debate más informado en esencia; las redes sociales son un espacio donde el
conflicto entre doxa y episteme se vuelve
sorprendentemente evidente.
Referencias:
Platón. (1993). La República (J. L. Sánchez,
Trans.). Editorial Gredos. (Trabajo original publicado en 380 a.C.)
Franks, M. (2020). The digital epistemic divide: Understanding the role of social media in the construction of knowledge. New Media & Society, 22(4), 563-582.
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